Fotos de giuliana sotela

Date: 16.10.2018, 14:07 / Views: 51433


Desde que conoció y se casó con la relacionadora pública —en 2009—, poco se sabía de la vida de (41). En efecto, el ex tenista número uno del mundo cuenta que vivió una especie de ostracismo de diez años con su mujer; tiempo en que se dedicó a tener y criar a sus cinco hijos (Isidora 8, Colomba 6 y los trillizos Antonella, Agustina y Marcelo 5), a manejar sus negocios e inversiones con su empresa Marimay, para lo cual se preparó con estudios de finanzas en Nueva York y aquí en Chile, en la corredora Larraín Vial. Evitó todo lo que fuera exposición pública, prácticamente se enclaustró en su casa del exclusivo condominio Valle Escondido y decidió no pisar nunca más una discotheque para evitar rumores o derechamente —dice—, “mentiras que arriesgaran mi matrimonio”.

Durante ese tiempo dio una que otra entrevista donde reveló el difícil momento personal que atravesó el 2013 luego de haber tenido dos cuadros de vasoconstricción reversible (bloqueo de las arterias que impiden el paso de sangre al cerebro) en menos de seis meses, que confidenció entonces, lo angustió mucho e hizo sentir vulnerable. Esas declaraciones mostraron por primera vez a un Chino Ríos menos rudo y más humano, que dejaba de estar a la defensiva y mostraba de manera inédita sus miedos y aprensiones. Un Marcelo más cercano que vino a coronar esa nueva faceta con su llegada a (en mayo del año pasado) y más tarde con su visita al programa de , donde habló de su vida, familia y de la relación con su hija mayor (16, de su primer matrimonio con Giuliana Sotela) que vive con su madre en Costa Rica.

Se mostraba cómodo en esta etapa de su vida, casi reconciliado con la prensa con la cual siempre fue huraño, desde sus primeros pasos en el tenis y por lo que más de una vez se ganó el Premio Limón en Roland Garros, por ser el jugador menos simpático del torneo. Pero al parecer, esa cercanía que se veía de su parte, con los medios en particular, era solo aparente. Marcelo asegura que el acoso de la prensa persiste, que sale a la calle y se siente acusado y que es muy difícil para un ídolo como él vivir en Chile. Esas son algunas de las razones por las que hace unos meses puso en venta su casa y por las que el próximo 15 de junio partirá en familia a vivir a la ciudad de Sarasota, a 370 kilómetros de Miami Beach. Un lugar que el Chino conoce perfecto, ya que queda a diez minutos de Bradenton donde se encuentra la academia de Nick Bollettieri; el lugar en que entrenó por seis años en su mejor época como tenista. La idea inicial es irse un año, que bien podría extenderse por tiempo indefinido.

“Cumpliéndose el plazo veremos qué pasa”. Ese Marcelo más cercano y relajado del último tiempo ha llamado la atención incluso de agencias publicitarias que lo quieren como rostro de sus marcas (será la nueva cara de mayonesa ).

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“Cuando me metí a Twitter de aburrido, me empezaron a llegar ofertas de comerciales. Soy un rostro potente por lo que hice en mi carrera, pero no hago cualquier cosa; elijo los que más me interesa y ahora quería que mis hijos vieran a su papá en la tele promocionando la mayonesa que ellos comen. Es otra faceta, también hago charlas motivacionales, aunque lo mío son las inversiones y mover las platas que gané. Me interesa saber dónde están, cómo manejarlas. Me entretiene ver crecer mi dinero”.

—¿Está más abierto o cercano?

—No encuentro… Ocurre que estuve 10 años haciendo otras cosas, trabajando con mi papá y no fui a ningún programa de TV. Cuando me casé con Paula, decidí no mostrarme más en público y mantener mi relación lo más privada posible; necesitábamos guardarnos cosas para nosotros.

—¿Les ayudó ese tiempo como pareja?

—Totalmente. Quise cuidarme, por eso apenas nos casamos decidí no pisar nunca más una discotheque. En Chile, los periodistas de farándula son una mierda y si me ven bailando por ahí van a decir que ando curado…

—¿Eso lo empuja a irse de Chile?

—Quiero estar en paz un tiempo. Luego de la vasoconstricción cerebral que tuve, me dijeron que no puedo estresarme o vivir momentos tensos, por lo que me impidieron casi trabajar. Me recomendaron quedarme en mi casa lo más tranquilo posible… Por otro lado, uno de mis trillizos (Marcelito) tiene un problema broncopulmonar, por eso todos los inviernos arrendamos casa en Sarasota y nos vamos por un mes. Este año le propuse a Paula irnos tres meses y ella me dijo un año. Lo pensé y concluí que Marimay lo puedo manejar desde allá, y mi papá puede ayudarme aquí. Mi señora estudiará inglés, mis hijas irán al colegio, Marcelito quiere jugar fútbol y yo trataré de entrenar a alguien o hacer algo que me entretenga.

—¿Cuánto le entusiasma irse?

—Si no fuera con Paula, no me voy. Estar solos allá igual es fuerte, difícil; no tenemos a quien recurrir más que a nosotros, pero nos complementamos y lo pasamos muy bien los dos. A muchos amigos sus señoras no los acompañan. Paula se decidió de un día para otro, “nos llevamos bien, estoy la raja contigo y tenemos cinco niños”, me dijo. Ella también está aburrida de Chile, de la vida que llevo, de las mentiras de la prensa, de que inventen cosas…

—¿A qué inventos puntuales se refiere?

—No entraré en detalles, pero para mí todos los periodistas son la misma mierda. No hago diferencia entre los de farándula o de deporte que hablan sin saber.

—¿Siente que lo han perjudicado?

—Ya no pico como antes. Han mentido mucho, me hicieron mucho daño cuando era chico. Desde entonces no pesco a la prensa y por eso soy el tipo pesado. Todos esos gallos por sacar una noticia son capaces de cagar a una familia.

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—¿Tanto lo estresa como para arrancar?

—Me estresa, lo paso mal, no me gusta ni me siento tranquilo; mi señora lo mismo. Después de la vasoconstricción cerebral quedé con angustia por las cosas fuertes que los doctores me dijeron, que Cerati y Jorge González tuvieron lo mismo, que posiblemente no me iba a morir, pero podía quedar ciego o cojo. Cuando tienes hijos te afecta, ¡me asusté! Estuve yendo al siquiatra quien me aconsejó para qué esperar a ser viejo para irme, por qué no lo hacía ahora si tenía la plata, mi familia y los medios. Que realice hoy las cosas sin esperar a los 70, y me hizo sentido. Hablé con Paula y me encontró razón.

“Lamentablemente, este país es chaquetero. A mi edad ya no estoy para eso”, sostiene Marcelo. De jeans, zapatillas y gruesa cadena de plata que le cae sobre una polera gris ajustada, asegura que lo único que busca ahora es vivir tranquilo y estar con su familia. “Estoy en un momento súper bueno con ellos, tengo niños chicos… Vivir en Chile es difícil para un ídolo. Tenemos pocos, sin embargo, tratan de tirarlos para abajo”.

—¿De qué manera los tratamos mal?

—No los cuidan y me molesta mucho la mentira. Si me mando una cagada, feliz que lo publiquen, pero me cargan los inventos por sacar una noticia y vender más.

—¿Se siente estigmatizado, que todo lo que venga de usted se magnifica?

—Así es el periodismo en Chile, ¡una mierda! Y cualquier tipo es periodista, va a la tele y dice lo que quiere; hablan con una autoridad como si te conocieran. Y tiran mierda, mentiras, ¡y da lo mismo!, porque no hay una ley que te proteja, que puedas hacer algo contra ellos.

—Daba la impresión de que tenía ‘cuero de chancho’, que las cosas le resbalaban.

—Trato de no sufrir con esto. No leo diarios, en mi casa están prohibidos los programas de farándula, los canales nacionales son una estupidez ni leo revistas porque hablan puras huevadas. No me interesa estar metido en esto. Estoy en otra etapa, ya hice mi vida. Quiero pasar con mi familia en un lugar tranquilo.

—¿Tiene fecha de regreso?

—Me voy por un año.

—¿Con posibilidad de extenderse?

—No lo sé. Igual tengo que volver entremedio a hacer cosas, no puedo dejar la empresa botada de un día para otro. Ahora dije un año, cumpliéndose el plazo veremos qué pasa.

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—¿Necesita nuevos desafíos?

—Sí, obvio que me gustan, pero más que nada porque mi mujer está entusiasmada; no ve las horas de irse, de estar allá. El 15 de junio sacamos a los niños del colegio y allá entrarán a uno público. Tengo lista la casa, ¡todo! Solo falta mi visa.

—¿Cuánto influye ella en sus decisiones?

—Mucho. He crecido a su lado, me ha ayudado a darme cuenta de hartas cosas. Tuve dos fracasos matrimoniales que me sirvieron para aprender de errores pero que no me marcaron como sí me ocurriría si me separara de ella. Paula más que una señora ha sido un amigo, entendió desde el principio mi vida, quién era yo. Siempre ha estado cuando la necesito. He pasado bastantes cosas malas y es ella quien acude. Tengo pocos amigos, pero no los necesito.

—Paula dijo que lo había rescatado.

—Me ayudó a crecer. De personalidad soy el mismo, no cambiaré aunque moleste. Con ella estoy más maduro; era muy niño. Me ha hecho entender que la vida no era como yo la veía.

—¿Cómo era esa mirada?

—Mi historia ha sido muy distinta a la de cualquier persona en este país. Partí jugando tenis a los ocho, me jubilé a los 26 con mucho dinero, a una edad en que los pendejos están recién creando su empresa o saliendo de la universidad. Tuve una vida al revés… Y fue difícil saber qué hacer en ese momento: te ves solo en el mundo, con plata, fama… Paula fue un cable a tierra en cuanto a que la vida no es tan bonita ni fácil como yo la pintaba cuando estaba solo.

—Lo bajó de la burbuja.

—Siempre me ha dicho que le encanta mi personalidad, obvio que hay cosas que no le gustan, pero la gracia es que ha comprendido quien soy, la vida que llevo, que no es fácil. Entiende que es difícil para mí ir a un restorán, que me carga salir, que no lo paso bien, que no voy a un mall hace años.

—¿Quiénes integran su vida social?

—Mis amigos —todos mayores que yo— están en Valle Escondido; de ahí no salgo. No necesito más. Hoy estoy con la gente que yo decido estar y que siento que está conmigo por quien soy: Marcelo Ríos, no por lo que fui alguna vez. Estoy súper bien en mi casa, con mis hijos, con la Paula, viajamos harto, si no estoy con ellos, lo paso en la oficina. Son mi mundo, entonces fue grande el susto cuando me enfermé.

—¿Cómo fue sentirse vulnerable?

—Me angustié y deprimí, no tenía ganas de nada. Antes me sentía invencible, arreglaba mis problemas solo, no requería la ayuda de nadie, sin embargo, cuando me ocurrió lo de la cabeza, por primera vez reconocí que la necesitaba, que sin una sicóloga y siquiatra no podía salir adelante. Ahí empecé con tratamientos y nació la idea de irnos a Estados Unidos. Hoy trato de disfrutar más, no me fijo en gastos. Quiero gastar mi plata en vida.

—¿Qué le preocupa hoy?

—Mis hijos, estar y pasarlo bien con ellos. Me encantan los niños, tengo una relación muy bonita con cada uno. Quiero hacer cosas que me entretengan, puedo hacerlo porque ya trabajé y estoy jubilado. Muy pocos en este país a mi edad tienen la posibilidad de hacer lo que quieran y no depender de nadie. Tuve suerte que supe aprovechar.

—Pudiendo hacerlo todo, ¿qué lo frena?

—No tengo límites y nadie me los pone tampoco. Sin embargo, he cambiado, me cuido más, trato de no hacer tonteras e intento ser más cariñoso. Antes era cero cariño, solo yo, yo, yo; me las creía todas. Ser número uno a los 20, tenía el mundo a mis pies… Nadie te enseña cómo llevar eso, lo hice a mi manera.

—¿Y fue buena o mala manera?

—Bien, soy de una forma en todos lados.

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—¿Y en cómo se relaciona con la gente?

—Aquí en Chile, cuando salgo de mi casa, me pongo una careta. Ahí soy el Chino Ríos porque me siento atacado, no falta el tarado que te dice algo. La gente del pueblo es la que me quiere, el gallo que te pide plata en la calle, ese que te dice: “Marcelito cuántas veces vi sus partidos a las 3 de la mañana”.

—¿En serio cree que aquí no lo quieren?

—Me quiere la gente de la calle. Es que insisto, es difícil vivir en Chile para alguien exitoso.

—¿Y cómo es Marcelo puertas adentro?

—Marcelo Ríos es un gallo normal, juego con mis hijos, me cago de la risa, hago tonteras, pero afuera me siento acusado. La gente me molesta, me siguen los periodistas, no falta el gallo que te pide una foto de mala manera, me dicen pucha el huevón pesao. Esas cosas me desagradan y en este minuto no estoy dispuesto a seguir viviéndolas. Por eso me voy, quiero estar tranquilo, desestresarme. Cada vez que voy a Sarasota lo paso bien.

—Le insisto, ¿puede que se quede allá?

—No lo sé, lo hemos pensado con mi señora, ella feliz viviría allá, no quiere estar acá donde no podemos ni ir a una discotheque para no arriesgar mi matrimonio por alguna estupidez que inventen. A Paula le encanta bailar, sin embargo, se ha privado de mucho por mí. Ahora le toca a ella.

—Donde se va, difícil que no lo conozcan.

—Sí, pero es otra cultura. Allá hay muchos ídolos deportistas, aquí somos dos o tres. A mis niños les hará bien. Me preocupa cuando crezcan cómo lo van a tomar. La más grande se da cuenta y de chiste me dice “Hola Chino Ríos”. La Constanza cacha todo, pero los más chicos aún no. Será difícil, creo que no lo pasarán bien como mis hijos en este país chaquetero.

Marcelo está a la espera de que EE.UU. le entregue la visa special talent, que otorga a personas talentosas que van a desarrollar un proyecto concreto. Hasta ahora iría ligado a una academia de tenis de Sarasota con la posibilidad de entrenar a alguien. “Si no resulta no importa, tampoco me motiva la idea de ser entrenador. ¡Me carga el tenis! Quedé muy cansado con todo lo que jugué”, sentencia.

—Fuerte escucharlo, ¿qué pasa con el orgullo, con los logros que le brindó?

—Me metí a Copa Davis porque sentía que debía devolverle algo al tenis. Pero no me mata, no lo juego, no veo partidos. Terminé cansado, aburrido; es una carrera difícil porque estás solo. No lo pasé bien jugando. Se veía que me salía todo fácil pero no puedo decir que lo pasé la raja.

—¿Por eso prefiere un hijo futbolista?

—Marcelito juega muy bien fútbol, quiero darle la posibilidad. Ahora va a estudiar, pero si más adelante le gusta, que haga lo que quiera. Para el colegio hay tiempo, pero si en el fútbol se te pasa el tren, ¡fregaste! Si pierde uno o dos años de estudio, después lo puede recuperar.

—Partir le significará dejar de estar con su padre que está enfermo.

—Tiene un aneurisma hace mucho y vive con dolores de cabeza, de espalda, de piernas; lo que más le complica es no encontrar solución. Se ha hecho millones de exámenes y lo desespera no saber qué tiene. Yo vivo con los mismos dolores de espalda, hay días en que no me puedo parar, pero trato que no me afecte. Con mis papás me llevo bien, cuando estoy en EE.UU. viajan a verme, se llevan bien con mi señora. No sé que tan enfermo está, quizá por eso no estoy tan preocupado. Cuando nos juntamos en la oficina lo veo impecable, ha bajado de peso, pero de la cabeza sigue brillante.

—¿No se ha planteado a futuro asumir algún rol de liderazgo? ¿En la misma Copa Davis, por ejemplo?

—No. Me metí porque soy muy amigo de Nicolás (Massú) y juntos decidimos formar un equipo. Nunca he pensado ser presidente, ¡menos con todas las cagadas que hay! Hubo gente que le hizo mucho daño al tenis y tendrán que pagar.

—La corrupción del tenis refleja lo que ha pasado con otras instituciones en Chile.

—Las leyes aquí son débiles; cualquiera con plata hace lo que quiere y sale libre. Los estafadores están tres años en la cárcel y los sueltan; los menores de edad matan y no se van presos. Hay leyes que no comparto. Si la mano fuera más dura seríamos un país mejor, pero es lo que hay. No me meto en política, no me interesa. Nunca llegan a nada, se toman determinaciones sin sentido. Hay gente que tiene miedo a tomar decisiones fuertes para arreglar el país porque no quieren perder votos.

—¿Sigue sin votar en las presidenciales?

—Nunca he votado, no me interesa quien salga presidente. No me llama la atención.



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